Lola’s POV: Se trata de mucho más que marchar


Siempre supe que quería participar del “March for our Lives.”  Tan pronto hicieron la convocatoria sabía que estaría allí.  No soy estudiante de Marjorie Stoneman Douglas, pero sí soy una estudiante de 17 años que cree en la vida en la paz y en la educación y que estas tres no son mutuamente exclusivas.  Sin embargo, cuando me invitaron a que participara en la marcha en nombre de la Fundación Stephano, acepté con humildad y un alto sentido de honor.  Para entender por qué, sólo habría que conocer la historia de Stefano, quien murió víctima de un arma de fuego en medio de un carjacking.  Stefano tenía 17 años, así como yo.

Una invitación para hablar a nombre de la Fundación presentaba la oportunidad de ofrecer un mensaje que hiciera la diferencia y mi voz se convirtiera en el vehículo para tocar los corazones de otros jóvenes que piensan igual que yo. El tiempo me traicionó y en minuto y medio no habría manera de hacerles justicia. Por suerte, este rinconcito del ciberespacio me permitiría realizar el cometido.

En Puerto Rico, gracias a Dios no hemos vivido una tragedia en el salón de clases como en otros lugares, pero eso no significa que la violencia por armas de fuego no existe, ni que no la veamos a diario. Son muchos los casos de jóvenes, de niños, de adultos, mujeres, y hombres, que han perdido la vida por una bala de un arma de fuego.

Yo tengo 17 años; tengo metas, logros, una vida por delante. Me gusta escribir, salir con mis amigas, hacer ejercicio, ver a mi novio, ir al cine. Mis sueños no son muy distintos a los de cualquier otro adolescente. ¿Pero si somos todos tan similares, porqué algunos tenemos el privilegio de ver nuestros sueños cumplirse, mientras a otros se les arrebatan?

Al sentarme a hablar con Zorimar, madre de Stefano, sobre su experiencia, no hallaba las palabras. No podía encontrar ninguna pregunta, ninguna explicación que no fuera, “Esto no tenía que suceder”. Escuchaba su historia de perseverancia, fortaleza y superación recordando lo que tantas veces me repetí a mí misma: aunque no se puedan cambiar las circunstancias que nos ha tocado vivir en un momento dado, se puede cambiar la manera en que reaccionamos y decidimos transformar nuestra realidad.

Con Zorimar Betancourt, Madre de Stephano y Presidenta de la Fundación que lleva su nombre

Siempre he dicho que nosotros no tenemos que esperar a convertirnos en víctimas, vivir una tragedia o atravesar una prueba para tomar acción.  Es el principio básico de la solidaridad.  Está en nosotros decidir que, si hay que evolucionar, el momento es ahora. Y eso es lo que me gusta de mi generación.

Los jóvenes no necesitamos que los adultos nos entreguen nuestras oportunidades, porque las creamos nosotros mismos. Los jóvenes no esperamos a convertirnos en adultos para lograr grandes proyectos y de gran dificultad, porque tenemos la capacidad para lograrlo ahora. Cuando propuse un proyecto para garantizar que a todo recién nacido en Puerto Rico se le realizara una prueba que determinara si había nacido con un problema congénito del corazón, me dijeron “Eso es bien cuesta arriba.  Eso es casi imposible.”  Hoy, ese proyecto es ley y se le realiza esa prueba a todos los bebés que nacen en la isla antes de que se les dé de alta del hospital.

Cuando los jóvenes nos proponemos a algo, lo logramos. Y eso es exactamente lo que está sucediendo. Marchamos no solo por las vidas perdidas a causa de armas ilegales, sino por nuestro derecho a la educación, a ese sentido de protección que todos queremos, y por nuestro derecho básico de vivir en paz.

El trabajo de la fundación Stefano para crear conciencia sobre la importancia de convertirse en un donante de órganos es espectacular. Conozco como un trasplante de corazón le puede cambiar la vida a un niño porque lo veo con frecuencia en niños con condiciones similares a la mía. Pero igualmente, sé que existe la otra cara de la moneda – esa otra cara que muchas veces incluye lágrimas y el dolor inhumano de unos padres que deben desprenderse de su hijo o hija que perdieron la vida de manera injusta.

Es hora de decir basta: a la violencia, a vivir con miedo. Somos jóvenes, pero somos capaces de lograr grandes cambios, no lo duden por un momento. Tenemos fuerza, juventud, voluntad, y el profundo deseo de una vida mejor. En todas partes del mundo, los ojos están puestos sobre nosotros los jóvenes, agentes de cambio. No permitamos que este movimiento muera aquí. Mostrémosle al mundo de lo que estamos hechos. Que el fin de esta marcha sea solo el principio de un mundo mejor.

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