El Suelo y Cinco Pasos a Seguir Antes de Sembrar en él


Comienza uno de los meses en que más actividades de siembra se llevan a cabo. Una conocida tradición para celebrar el mes del Planeta Tierra es sembrando un árbol, creando un huerto de hortalizas o tal vez un jardín de flores ornamentales.

Independientemente de lo que estemos sembrando, queremos ver resultados favorables. Por ejemplo, si es un árbol frutal, nuestra intención es que crezca vigoroso y nos dé frutos.

Sin embargo, antes de sembrar la primera semilla o trasplantar, considera las condiciones del suelo. Así aumentaremos el potencial de éxito a cambio de nuestra inversión de tiempo y dinero.  

Según el paisajista Samuel Malavé, “el sustrato o suelo proporciona soporte a las plantas, fomenta el enraizamiento, una excelente nutrición, fortalecimiento del tallo y nos ayuda a obtener plantas sanas desde la germinación hasta la cosecha”.

El suelo es un factor importante para la creación de un ambiente adecuado para el desarrollo de las plantas (a menos que estés utilizando un sistema hidropónico). En términos generales, el suelo se compone de arena, arcilla y limo.

De acuerdo con el especialista en suelos, Oscar Muñiz Torres, la arcilla y el limo “son las reservas más importantes de nutrimentos para las plantas”. Mientras que la arena “ayuda a mantener los poros más grandes para la aereación y el movimiento del agua”, escribe en la publicación El árbol en el jardín, del Servicio de Extensión Agrícola de Puerto Rico. Así que al conocer el tipo de suelo que tienes y su composición sabrás qué mejoras hacer como también qué tipo de cultivos podrían crecer mejor en ellos.

El suelo y cinco pasos a seguir antes de sembrar en él

Para preparar el espacio donde establecerás la siembra de tu árbol, huerto o jardín, Muñiz Torres recomienda los siguientes pasos:

  1. Remover cualquier residuo de construcción que pueda haber en el predio. Éstos pueden obstaculizar tus planes de siembra, afear el área y hasta ser nocivos para las plantas.
  2. Repica el terreno y nivélalo. Si vas a sembrar grama en un área, esto te facilitará para pasar la podadora.
  3. Asegúrate de rellenar depresiones para evitar el estancamiento de agua.
  4. Realiza una prueba de suelo sencilla para determinar la textura del terreno. Puedes obtener una muestra de ½ taza del terreno donde quieres sembrar y lo echas en un envase de cristal de medio galón. Luego lo llenas de agua hasta la mitad. Agistas y lo dejas asentar por varios días. La arena se asienta primero, y la arcilla puede tardar varios días. Cuando el agua esté completamente clara, observarás tres capas; la del medio es la del limo. El suelo ideal debe poseer una proporción casi equitativa de los tres componentes.
  5. Añade al espacio alrededor de seis pulgadas de suelo arcilloso o arenoso. También, y si es necesario, agrega cal para corregir la acidez; y materia orgánica para acondicionar el suelo con nutrimientos.

Cuando hayas atendido este asunto, ¡a sembrar se ha dicho!

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